Calmarme en vos
llenar mis sueños con tu sabor
escallar para escucharte
verdades nobles
con ese sol que tenés por duende
con esas armas tu si me vences
con mi saludo caigo
de frente a tus ojitos
que me sostienen
con esas manos conque me mecés
me acariciás en la
eterna aurora
de tu simiente
Carla
jueves, 31 de agosto de 2006
Esas manos
miércoles, 30 de agosto de 2006
Lejos de mi
Cuando cae la noche sin
Estrellas.
Ella, estará lejos de mí.
Cuando su pubis celestial,
Haya perdido su fulgor,
Cuando sus pechos de
Canela ya no sean míos,
Cuando sus ojos ya no me
Miren.
Ella, estará lejos de mí.
Cuando la rosa sus pétalos
haya perdido.
Ella, ya estará lejos de mí.
Cuando la noche ya sea
Eterna y mi corazón sé
Quede sin estrellas y sin
Cometas.
Ella, ya estará lejos de mí.
Cuando el otoño haya
Enterrado todas las hojas
En la tierra y entonces él
Bosque se haya muerto
De pena.
Ella, ya estará lejos de mí.
Cuando los pájaros silencien
Su trino.
Ella, ya estará lejos de mí.
Cuando su sangre esté detenida,
Y mi corazón ya no sea mío.
Ella, ella ya estará lejos de mí.
Ricardo Reyes
San Juan
lunes, 28 de agosto de 2006
Algún día
Algún día encontraré tu piel en mi almohada desierta.
y se abrirá la puerta de esta fantasía inconclusa,
alguna día la intrusa
sensación de estar tan lejos
será una excusa y seremos pasajeros
del amor y nuestras vidas
y nos cubrirá la espuma de dos gotas de perfume y nuestros besos.
Algún día: lo presiento.
Algún día poblaremos el cuarto de un hotel cuyo nombre
aún desconocemos
con la magia de la piel encendida y seremos
un hombre y una mujer oliendo a guitarras afinadas de piel y de vida.
Tú, timida y atrevida.
Yo, nervioso y sereno,
y en el centro del cuarto el amor que huele a rosas sin espinas.
Algún día no será esta lluvia la que me traiga tu cuerpo,
sino tus pasos enfundados en la pálida luna de un enero
que soñamos juntos,
cuando trasuntos los dedos se enfunden de nombres
y los que responden,
se abrevien en sabanas que huelan a gloria y a una historia secreta de voces y besos.
Algún día: lo presiento.
Bucearemos hondo en el sudor de los parpados sorprendidos
aquel olvido
de noches de vigilia atormentada y en el calor
de una mirada detenida de olvidos revivirá en algún descuido
nuestro amor
de los otros escondido y sabremos entonces que podemos morirnos:
con el beso enamorado,
con el placer de haber sido terriblemente amantes
y con la felicidad pintada en la vidriera del instante
que tanto anhelamos,
con estrépito de risas y de vidrios, felices como niños.
Algún día cruzaremos los trenes detenidos
de caricias que en el andén
de la vida esperan la salida de los besos que todavía nos debemos,
entonces seremos un santuario de amor y en aquel sudario
de sábanas hambrientas y sin techo,
nos entregaremos al oculto amor y al calor de la sentida distancia,
seremos las ansias y el deseo satisfecho.
Algún día: lo presiento.
El Huron
domingo, 27 de agosto de 2006
Todas ibamos a ser reinas
Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.
En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.
Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.
Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.
De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.
Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.
Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.
Y de tener todos los frutos,
arbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.
Todas ibamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán.
Rosalía beso marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.
Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.
En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.
Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece al mar.
Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y a cañaveral,
en las lunas de la locura
recibio reino de verdad.
En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.
Pero en el Valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:
"En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinas,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar".
Gabriela Mistral
sábado, 26 de agosto de 2006
Distancia
He palpado infinitamente los costados indivisibles y exactos
de la ansiedad ante la proximidad
de tu boca junto a la mía, he sorteado indemne la porfía
de dormir y no dormir y antes de salir
a tu encuentro me he situado en el centro
del coraje y me he prometido en este viaje
estar más vivo que nunca, aún cuando la trunca
ilusión post-recompensa me allanara el camino a la tristeza
perpetua indiferente de estas manos vacías.
Pero he aprendido a soñar
(en eso soy experto) y he consumado despierto el sueño
de poder hablarte. Cerca de ti. Acariciarte
y comprar la paciencia con el precio de esperarte.
Hasta la próxima espera. Quizá la primavera
ya no arruine mis sueños
y entonces seré dueño del empeño incansable
y tal vez cuando te hable,
estés como te pienso frente mío,
y pueda abrazarte, y no seas este capricho
de tener que soñarte
despierto, espero no estar muerto
el día que me hables.
El Hurón
viernes, 25 de agosto de 2006
jueves, 24 de agosto de 2006
Cofre negro
Cofre a ti te escribo
porque no se a quien contar
los pesares que no se van.
No se como escribirlos
y así arrastrarlos entre mis dedos
y estas frias teclas.
Como acto de piedad
podrían así resbalar
por mi rostro miles de gotas
que por estupido actuar
se fueron acumulando
en un intenso llorar
sin lágrimas, dolor sin final
frio persistente en el Alma
y este cuerpo tibio
al que reconozco como mio
por lo cansado de actuar.
Mi cofre escondido
como el de Pandora,
guardo en el mil tormentas
que con solo entreabrir
su hermetismo, se desata
todo un cataclismo
y fluyen por mis poros
los ecos de infinitas batallas
que no logro olvidar.
Y aqui sigue otra romanza
como ala batiente en guerra perdida,
quisiera saber el porque de esta desdicha.
Tanto caminar y ahora veo
como malgasté tristemente el tiempo,
como por no querer ver
a ciegas fui recorriendo camino.
Y ahora esta todo destruido
solo veo ruinas y campo demolido,
no me gusta mirar lo que miro
y no puedo apartar los ojos
ahora que por fin veo.
Cofre mio, cuanta miseria
cuanto lamento y perdida de tiempo.
Dame alas y quedate con los pesares,
cofre, quedate estas visiones
que un dia las mire y no reconozca
por tenerlo todo redimido.
Que pena siento al verte
como pude estar cautiva de esta ceguera
como puedo dolerte tanto
si en tu pecho me arropas
y me das amor y vida.
Y te di la espalda
no quise verte
y mis actos fueron terribles
y mi vida hueca y triste
y mis actos fuera de mi vida
y mi vida fuera de mi Alma
y mi Alma ahora esta triste.
Cofre, que tristeza siento...
que amargura y lamento.
Solo espero que mis ojos aclaren
para poder desde hoy
seguir adelante.
